Jueves, 31 Agosto 2017 00:57

Paramilitarismo colombiano: el ejército invasor de Trump

La reciente agresión de Los Rastrojos en el estado Táchira, fronterizo con Colombia, se suma a una serie de acciones contra Venezuela que plantean un conflicto a partir de grupos irregulares en este país vecino después de que el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, lo visitara unos días atrás y el jefe de la CIA, Mike Pompeo, hablara de un trabajo en conjunto en pos de una “transición pacífica” en Venezuela.

La agresión y los antecedentes

Al mediodía del 27 de agosto, el general Jésus Suárez Chourio, comandante general del Ejército, informó de un enfrentamiento en Táchira con personal de Los Rastrojos dejando un saldo de seis paramilitares muertos, y una mujer detenida con municiones y uniformes del ejército colombiano con grado y jerarquía que se encuentra “dando declaraciones para precisar cómo actúa este grupo en la frontera”, de acuerdo a Suárez Chourio.

Durante este año, además, se ha venido registrando la siguiente cadena de acontecimientos:

El desmantelamiento de un campamento paramilitar de 120 personas, con uniformes de los ejércitos colombiano y estadounidense, el 22 de marzo; el 26 de abril, el gobernador del estado Táchira, José Gregorio Vielma Mora, denunció el ingreso al país de 30 paramilitares para ejecutar acciones de violencia en el marco de protestas opositoras; y el ataque a la unidad militar Genaro Vázquez, y las sedes policiales en San Juan de Colón y Capacho, por parte de grupos de delincuentes “influenciados por organizaciones paramilitares”, según comunicado del alto mando militar, el 17 de mayo. Esta incursión, además, se circunscribe dentro de un arco temporal en el que Los Rastrojos han protagonizado un crecimiento en la región fronteriza, según un estudio de la fundación colombiana Ideas de la Paz. Convirtiéndose entonces en el principal grupo irregular de esta área en detrimento de Los Urabeños, organización paramilitar que opera en la región. El 1° de junio, dos miembros de Los Rastrojos fueron detenidos en Caracas con material explosivo, bazucas, uniformes militares y gorras del Sebin, también en el marco de las protestas violentas de oposición. El involucramiento de este tipo de organizaciones que se vio justamente en la misma constelación de territorios y ciudades periféricas del occidente venezolano, donde estos grupos denominados Bacrim por el gobierno colombiano expandieron sus redes criminales como mecanismos de control político y económico (en la franja de Táchira, Mérida, Zulia, Apure). Un trabajo sistemático por penetrar en el territorio venezolano.

Las provocaciones y las similitudes con Siria

Este tipo de provocaciones hay que observarlas en el marco de la nueva Doctrina Damasco del ejército colombiano, como lo analiza María Fernanda Barreto en un trabajo publicado por Misión Verdad, en el que se plantean “cuatro tipos de operaciones: ofensivas, defensivas, de estabilidad y de apoyo a la autoridad civil para integrar ‘sus acciones con asociados de la acción unificada, conjunta, interagenciada y multinacional’ para enseñar a los militares colombianos a utilizar términos y símbolos que permitan la interoperatividad ‘cuyo fin es que el ejército conduzca operaciones militares unificadas (OTU) dentro del país y a nivel regional y mundial”. En 2015, la ex subsecretaria de Defensa de George W. Bush, Mary Beth Long, recomendó a las autoridades colombianas prepararse para lidiar con una “crisis humanitaria en Venezuela”, después de firmado el proceso de paz con las FARC. Estas organizaciones paramilitares, entonces, nacidas como brazo ejecutor ilegal del Estado colombiano, son en Venezuela las fuerzas proxy (por delegación) de la coalición dirigida por EEUU para generar las condiciones de un conflicto irregular, que escenifiquen distintas provocaciones que permitan una escalada de agresiones contra Venezuela desde el vecino país. Muchas veces se ha comparado a Colombia con el papel desempeñado por Turquía y Jordania como canales logísticos de los grupos irregulares en la guerra en Siria. Turquía asesora en este momento al gobierno colombiano sobre cómo “administrar una crisis de refugiados”, producto de su experiencia siria. Crisis que Turquía colaboró abierta y proactivamente a generar.

EL CONTEXTO DE LAS INCURSIONES Y ACCIONES DEL PARAMILITARISMO

La agresión de Los Rastrojos, por otro lado, coincide con una serie de maniobras de desinformación dirigidas a fabricar incursiones de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en territorio colombiano, bajo el contexto de los ejercicios cívico-militares del 26 y 27 de agosto. Concretamente, el gobernador del departamento colombiano de La Guajira, Weidler Guerra, denunció una supuesta incursión a territorio colombiano por Paraguachón de oficiales de la GNB, desmentido por el ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López. En ese sentido, se atestigua la maniobra por silenciar la acción del paramilitarismo colombiano en paralelo a la proyección de una supuesta agresividad por parte de la Fanb en la frontera, a tono con el escenario planteado por el presidente Nicolás Maduro de “crear las condiciones para fabricar un montaje” contra el Estado venezolano bajo un “conjunto de provocaciones dirigidas por EEUU

MISIÓN VERDAD

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