Lunes, 13 Noviembre 2017 15:28

Alberto Rangel/ se proibe odiar

Alberto Rangel/ se proibe odiar Archivos

Romeo Santos jura que no vuelve a cantar en nuestro país y la Sociedad de Compositores Latinoamericanos, en sus capítulos de vallenato, corrido, bolero, tango y bambuco, está en contacto permanente con sus representantes legales en Caracas:

sucede que la ANC acaba de votar favorablemente una ley contra el odio y Jorge Oñate o el Poncho Zuleta, que están vivos, como los herederos de Enrique Santos Discípulo, José Alfredo Jiménez y Consuelo Velásquez… andan preocupados no vaya a ser que los metan presos cuando vengan a cobrar sus derechos de autor.

Si el gobierno del presidente Maduro no cultivara la anti política, tanto como sus alter egos de la oposición, incluyendo a quien hoy busca asilo en la embajada de Chile, una ley de esta naturaleza jamás habría prosperado porque sería tan inútil como regalarle un helado al esquimal.

Para bochar la poco brillante idea bastaría que una persona sensata le regale un ejemplar del Código Penal a Delcy Rodríguez ya que en ese librito están catalogadas todas las situaciones calificables como delitos que el odio pueda originar y a lo sumo habría que endurecer las pen Sin embargo una cosa es con guitarra y otra con violín: en un país normal, donde no se acostumbra dejar la cama a las 3 de la madrugada para comprar, tras larga e inútil cola, la materia prima de 20 arepas… nadie se molestaría haciendo leyes contra el odio porque los sentimientos -el odio es uno de ellos- son parte integrante del ser humano… unos elevados… como el amor… otros más bien bajos como el odio o el resentimiento que por lo visto prolifera en nuestro país.

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